Dirigida a las principales revistas de interiorismo del mundo, Manolo Yllera consigue con esta producción superar el reto planteado por Gandía Blasco para que nuestro fotógrafo diera su propia versión del Cristal Box, un cubo de cristal que se integra en la naturaleza y, al mismo tiempo, aísla de ella.
A excepción del paisaje de nieve, todas las localizaciones son reales, creadas ad hoc en Valencia para la producción:

En la playa, ventiladores industriales y gente lanzando arena consiguieron el efecto deseado. Lo hicieron tan bien que hasta la cámara rezumaba arena a pesar de que se protegió con plásticos.

En la selva, el efecto se consiguió con plantas y palmeras que se alquilaron en un vivero, y, sobre todo, con una serpiente auténtica, que tenía mucho frío y se movía muy despacito, pero que aún así mordió a su cuidador.

En el bosque seco mediterráneo, se volvió a recrear el paisaje – a pesar de que no dejó de llover durante toda la sesión – y los animales eran de nuevo reales. Los lobos se comieron dos kilos de carne en el tiempo que duró el shooting.

En la nieve, la foto se hizo en la fábrica y se utilizó una foto de banco de imagen que se retocó en el estudio.